Namasté querido.yoga-241609_1280

Desde hace 7 años practico yoga con regularidad. Me cautivó y me abrió muchas puertas hacia mí misma. Fue tan profunda mi integración con la práctica, que con los años me certifiqué como instructora de hatha yoga y de yoga para niños. Sin embargo, el año pasado dejé de tomar clases (ya tenía tiempo de haber dejado de dar clases también) porque me encontraron una hernia discal que me mantuvo inmovilizada. Ahora, es tiempo de regresar…

Mi cuerpo está listo, mi mente grita que es tiempo, mi corazón anhela estar dentro de un shala… pero el ego sale en acción. Me dice que no voy a poder. Que qué vergüenza regresar como principiante, que mi flexibilidad ya debe ser nula. Toda mi vida he hecho ejercicio y el haberlo dejado el año pasado, ha hecho que gane unos 4 kilos más de lo que he estado acostumbrada a pesar en mi vida. Me da pena. La gente me dice que estoy súper delgada, y sí, sigo siendo delgada. Aunque batallo en las mañanas con mis jeans y me visto holgado. Eso ha hecho que me esté haciendo súper güey para regresar a las clases. Ya están pagadas y van 15 días que falto. En las noches me convenzo: “Ahora sí, mañana me levanto.” Pero suena el despertador y le pongo snooze hasta que ya no llego a la clase.

Me observo. Me perdono. Apapacho a mi ego diciéndole: “No hay problema, no pasa nada si no eres doña maestra en la clase, ve. Entre más te tardes en ir, más tiempo ocupará tu cuerpo para recordar dónde estaba. Ve.” Así que aquí estoy, encuerando al ego una vez más. Perdonándome y esperando que mañana sea el día.

Recuerda, eres luz y amor. Eres abundancia. Elige experimentarla en todas las áreas de tu vida.

Con todo mi amor,

Andrea de la Mora  ❤