Millones de dólares son invertidos en publicidad, marketing y comercialización de un evento mundial que literalmente une a la humanidad durante un mes cada 4 años. Sin duda, existen muchísimos intereses económicos, tanto en la planeación, como en la difusión de la Copa Mundial de fútbol, y Brazil 2014, no será la excepción. Pero, más allá del mercadeo que requiere la organización de un evento masivo, como este, existe algo más. Algo, que hace que tanto el hatha yoga, como el fútbol se unan, no sólo en intención, sino en emoción.
¿Qué relación podrían tener dos disciplinas que son tan diferentes?
En primer lugar, son actividades que permiten el crecimiento integral de la persona a través del desarrollo físico. Ambas influyen en la perfección corporal a través de ejercicios. El yoga va más allá, integrando aspectos espirituales y mentales a la práctica, que hacen que la persona que ejecuta ásanas o posturas, con la respiración y enfoque adecuados, crezca internamente. Sin embargo, el fútbol no se queda atrás. Se necesita espíritu para dejar atrás el individualismo y ser parte de un equipo, y también mente, para vencer los obstáculos psicológicos al enfrentar a un rival que estadísticamente presente un mayor desempeño que el propio. En ambas disciplinas se requiere de estar en el aquí y el ahora al practicarlas.
Cada cuatro años el mundo se une para vivir la experiencia futbolera y conocer a los más grandes atletas colaborativos que, unidos, jueguen de una manera conjunta, integrada y llena de destrezas físicas, conformando a los 32 mejores equipos del mundo.
El ambiente pre-mundialista que estamos viviendo, es una prueba de la unión que genera en la humanidad ante un deporte. Yoga en sánscrito significa unión y uno de sus más altos objetivos es el lograr la unificación de uno mismo, la comunión entre las personas, el medio ambiente y la Creación. De esta manera, es evidente la similitud que representan ambas disciplinas.
Por un momento el mundo se une, dejando atrás las hostilidades demográficas y llenando los corazones de las personas de un sentimiento vibrante, un sentimiento que nos hace escucharnos, experimentarnos y emocionarnos juntos. Y sobre todo, un sentimiento que nos hace ser parte de la emoción colectiva y agradecer el pertenecer a algo tan grande y trascendental: la humanidad.
Namasté.











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