Namasté querido ser de luz.
Te saludo con mucha emoción de reencontrarnos por aquí.
Hoy quiero compartirte un blog súper personal. Sé que debe de haber muchas mujeres que han vivido o están atravesando por algo similar a lo que estoy viviendo y además, me parece que mi experiencia -y aprendizajes- pueden ser trasladados a prácticamente cualquier circunstancia de la vida.
Como sabes, OMar y yo nos embarazamos en agosto de 2018. Desde el momento en que me enteré de la noticia, se me empezó a llenar el corazón de emoción y gratitud. Un alma me ha elegido de mamá… a la fecha todavía no me la creo. 
Como una mujer emprendedora, el reto de combinar el embarazo con mi empresa estuvo contundente. Por un lado, tuve la grandísima bendición de darme libre las mañanas y tardes que quise -durante el embarazo OMar y yo estuvimos en un estado somnoliento permanente-, pero por otro, también tuvo su desafío el bajarle al ritmo y acomodar mis horarios para que fueran más gentiles con el proceso de cambio y creación que vivía mi cuerpo. Comencé 2019 con muchas ideas y proyectos y tuve que hacer una lista muy consciente (y corta) de mis prioridades y lo que iba a elegir continuar haciendo y lo que no. Fue maravilloso, pues me ayudó a simplificar, tanto mi vida profesional, como personal y ese fue el tema del que se trató el evento que OMar y yo dirigimos en diciembre para cerrar 2018 con conciencia y co-crear 2019 en abundancia.
Total que ya medio había ajustado mis horarios y labores. Así que el siguiente objetivo era dejar todo listo para darme una buena licencia de maternidad que me permitiera descansar antes del alumbramiento y dedicarme al 90% a bebé (el 10% es para mis adorados alumnos de Germinadora de Proyectos Holísticos). Por otro lado, el Universo quiso asegurarse de que yo cumpliera mi objetivo y en la última semana de abril, el disco duro de mi computadora se averió, haciendo que me quedara sin mi medio principal de expresión y creación.
No sé si tiene que ver con nuestra personalidad o con nuestras profesiones, pero por lo general, OMar y yo somos cero estresados por tener todo listo y preparado mucho tiempo antes. Nuestra tendencia es incluso, esperar al último momento, en donde fluimos mejor, tomamos decisiones más asertivas y nos va re bien. En teoría, el o la bebé llegaría a finales de mayo o principios de junio y hasta los primeros días de mayo no teníamos comprado nada para la llegada de bebé. Con excepción de una cosa: nuestra convicción de que queríamos que bebé naciera en el ambiente más natural, libre de intervenciones y orgánico posible. Estuvimos explorando por muchos meses la posibilidad de que naciera en casa, sin embargo, decidimos que por practicidad y comodidad, elegiríamos un hospital cuyos principios fueran los del respeto al parto humanizado. Desde principios de año, estuvimos trabajando con Mary nuestra doula, que además de ser educadora perinatal y miembro de la Asociación Nacional de Psicoprofiláxis Perinatal, es mi mejor amiga de la universidad y ex alumna de OMar de clases de meditación.
Leí como 6 libros sobre Mindful birthing (nacimiento con conciencia plena) y estuve haciendo prácticas intensas de meditación basada en pranayamas (manejos de respiración), usando afirmaciones y visualizaciones y aprendiendo sobre Mindful Hypnobirthing, una técnica de alumbramiento que se basa en la conciencia plena y la hipnosis para ayudar a eliminar el miedo y ansiedad durante el parto y sostener cada momento y fase con atención en el momento presente.
No teníamos una cuna lista, pero yo ya estaba más que puesta para aventarme un parto sin analgésicos, ni intervenciones médicas. Y pues mi querido ego, empezó a hacer de las suyas desde el principio de todo el proceso. Sabiendo que tengo muchos años dedicándome a inspirar a la gente a conectara con su poder personal, me alababa lo bien que estaba preparada para esto. “Eres una chingona y tu parto va a ser gentil, suave y prácticamente indoloro.” Cuando escuchaba sus palabras, yo le contestaba que sí, que así sea. OMar y yo habíamos decidido ir a con todo por ese parto natural. Siempre diciéndonos que no necearíamos si algo ponía en riesgo la salud de bebé o la mía, pero en el fondo yo siempre creyendo que no habría ni qué necear, pues como soy súper woman, yo podía con esto y con todo.
Y luego el entorno, siguió empoderando a mi ego… Diez días antes de que bebé naciera fui al dentista a hacerme una limpieza. La verdad es que asistir al dentista nunca me ha resultado una experiencia placentera (y mira que mi mamá ejerció como dentista toda su vida) pero en esta ocasión, decidí aprovechar la experiencia como práctica para el parto. Era el momento y circunstancia perfecta para sentir dolor y vivirlo sin anestesia. Salí de ahí creyéndome una Diosa domadora del dolor porque el dentista me dijo que el procedimiento que me había hecho era súper doloroso y que cualquier otra persona no hubiera aguantado lo que él me había hecho. “Tienes un umbral del dolor altísimo, te va a ir súper bien en el parto.”-me aseguró. Y bueno… mi ego pensaba, “¡Claro! Soy una chinguetas y el dolor me hace lo que el viento a Juárez.” (Que es una expresión mexicana que usamos para decir que algo de cierta gravedad o seriedad pasa inadvertido por nosotros)
En la siguiente cita médica, Claudio nuestro querido ginecólogo, me dijo que todo iba viento en popa y que yo ya tenía el cérvix prácticamente borrado, por lo cual, no creía que llegáramos a fin de mes, sino que bebé nacería en las siguientes dos semanas.
Ese fin de semana, OMar y yo lo dedicamos a comprar el colecho, lavar la ropa de bebé, tener la carriola, el huevito del auto, un bambineto y los pañales lavables. Ya todo comenzaba a tener forma.

Volvimos el lunes a consulta y resultó que yo ya estaba teniendo contracciones que indicaban el comienzo de la labor de parto. La verdad es que yo no las sentía muy bien y nunca supe diferenciar cuándo una estaba comenzando y finalizando. Entonces Claudio nos pidió que regresáramos al día siguiente a otra consulta para ver cómo iba el proceso de dilatación que hasta ese entonces tenía un poco menos de un cm regresamos.
Regresamos el martes y tenía un poco más de dilatación pero las contracciones siguen siendo muy irregulares. A pesar de que éstas tenían buena intensidad, yo seguía sin poder identificarlas y mi querido ego seguía creyéndose mucho porque no sentía dolor. En ese momento, Claudio me dio unos pedacitos de pastillas que hicieron que que las contracciones fueran más fuertes y que se regularizaran y a los pocos minutos empecé a sentir un poco más de dolor y a identificar con mayor facilidad cuando una contracción empezaba y cuando una terminaba.
Mi ginecólogo estaba seguro que esa madrugada le íbamos hablar para decirles que ya estábamos listos para ir al hospital. Sin embargo, pasó la noche y no no hubo avance en las contracciones ni en la dilatación. A partir de ese día, las consultas ya eran dos al día: una a las ocho de la mañana y otra a las ocho de la noche.
Claudio siempre respetando nuestras ganas de que fuera parto natural decidió seguir alargando el proceso para ayudarle a mi cuerpo a que siguiera dilatando y a que bebé encajara -porque todavía estaba muy arriba-, a pesar de que en los tactos que me hizo ya podía sentir la cabeza de bebé. Pasaron un par de días más sin avances y fue cuando Claudio decidió internarme para poder canalizarme una medicina más potente y que con esa dosis las contracciones ahora sí fueran súper regulares para que ayudarán a bebé a encajarse y que pudiera darse el parto en las siguientes horas.
Las horas siguieron pasando y, a pesar de que logré tener siete contracciones cada diez minutos con una muy buena intensidad, yo me sentía igual, a excepción de que mis niveles de ansiedad comenzaron a elevarse, pensando que tal vez no se iban a dar las cosas como yo quería. Después de 10 horas, bebé seguía sin encajarse y yo seguía sin dilatar más de dos centímetros.
Claudio me dijo que íbamos a darle oportunidad hasta las cinco de la mañana, tanto al bebé, como a mi cuerpo y que si no se encajaba y si yo no dilataba más para ese entonces él iba a tener que intervenir porque ya habíamos pasado muchos días en labor de parto y ya podía ser estresante, tanto para mi cuerpo, como para bebé. Mary, mi doula estuvo de acuerdo en todo el proceso, y OMar y yo confiamos al cien en su juicio, su visión y sus sugerencias.
Putísima madre. Se me cayó el cielo encima. Durante el embarazo no tomé ni media aspirina y ahorita me estaba viendo envuelta en la mayor intervención del parto que existe.
Esa noche fue una larga y oscura noche del alma donde mi ego se sentía fracasado y yo me sentía como una perdedora. ¿Cómo era posible que con tanta preparación no se pudiera dar el parto natural que tanto anhelaba? Conocía perfectamente los beneficios de que mi bebé pasara por mi canal vaginal y el que no se pudiera estar dando esto a mi gusto me hacía sentir muchísimo estrés y una gran decepción, tanto en mí, como en mi cuerpo.
No pude dormir. Me la pasé en un proceso profundísimo de duelo; despidiéndome de mi parto natural y llorando sin control. A pesar de que le estábamos dando cinco horas más a que el parto natural ocurriera, yo no sentía las contracciones y mi cuerpo no presentaba cambio alguno.
Pensaba que el nacimiento de bebé iba a contribuir a la gran cantidad de nacimientos por cesárea y yo no quería formar parte de esa estadística. Sin embargo, era la única forma en que podíamos asegurar que al esperar no tuviéramos una emergencia y que tuviera que ser una cesárea a las prisas.
Lloré y lloré y lloré.
Durante todo el proceso sentí a mis ángeles muy presentes, concretamente a A. Gabriel y A. Miguel, estuve invitando a Ganesh, mi querido removedor de obstáculos y a Saraswati, la Diosa de la creación y belleza, de quienes soy súper devota.
Comencé a hacer las paces con el hecho, pero seguía sintiendo dolor. Nunca había estado hospitalizada, nunca me habían operado y el tener que hacerlo en un proceso en el que yo me había preparado tanto para evitarlo me hacía sentir súper triste.
Mi grandísimo ego comenzó a desinflarse. Empecé a mantralizar y a ponerme realmente en manos de mi Divinidad. “Esto no está en mi control. Yo no lo superviso. Bebé y mi cuerpo dictan el ritmo y la forma y tengo que confiar en ellos. Hay una razón detrás por la cual no se está encajando y por la cual mi cuerpo no está dilatando y tengo que honrar y respetarla a pesar de que eso vaya en contra del mis deseos.”
Dieron las cinco de la mañana y efectivamente todo seguía igual. A las 6:30 am me iban a subir a prepararme para la cesárea. Me puse en manos de Dios. Reconocí que esto no iba de mí. Que no se trataba de mi capacidad como yoguini ni como meditadora. Nadie me estaba calificando más que yo. Nadie me está pidiendo perfección más que yo. Este es un proceso natural y gracias a la ciencia, bebé iba a poder nacer en salud, en bienestar y en libertad. El hecho de que naciera a través de cesárea no me hace (ni a bebé) menos valiosa, ni le quita sacralidad al alumbramiento.
“OM GAM GANAPATHAYE NAMAHA. Lord Ganesha, libérame de todos los obstáculos. Me pongo en tus manos. Confío en tu sabiduría. Suelto mis expectativas. Sé que no va de mí, ni de calificarme, ni de estar demostrando que puedo. Sé que este proceso va más allá y que hay una razón detrás. Ayúdame a soltar. Ayúdame a confiar. Dame rendición.”
La cirugía se dio sin complicación alguna, gracias a Dios. OMar estuvo presente todo el tiempo. Ha sido mi mejor coach – enfermero – porrista – terapeuta y le ha guerrereado con las labores que este cambio ha traído a nuestras vidas. Cuando bebé nació pudimos ver que venía acomodado con su brazo junto a su cabeza -tal como había estado en todos los ultrasonidos- y por eso no había acabado de encajar, no cabía. Además, las contracciones sólo endurecían a la mitad de mi útero, y por eso, no ayudaron a empujar a bebé y por otro lado, debido una intervención menor que tuve en mi adolescencia, probablemente mi cérvix estaba cicatrizado y eso no permitió que la piel fuera flexible y que por lo tanto, dilatara completamente.
Bebé nació perfecto y mi recuperación fue excelente pero mi querido ego, seguía regañándome. Claudio es un excelente doctor y tuvo una mano buenísima para la operación y la verdad es que ni la herida, ni el proceso me dolieron. Pude caminar luego luego, mi alimentación fue normal desde el día uno y mi cuerpo se recuperó a la perfección. Sin embargo, la grandísima expectativa -y desilusión- de mi querido ego, el juicio de mí hacia mi cuerpo y hacia el proceso de parto, hicieron que en los siguientes seis días del alumbramiento comenzara a tener síntomas de presión alta.
Nunca en mi vida he tenido la presión alta y durante el embarazo mi presión fue normal todo el tiempo. Claudio me diagnosticó con preeclampsia post parto y, aunque no hay una razón lógica de porqué la haya desarrollado aquí está. Ashhhhh.
Busqué en las enseñanzas de mi amada maestra Louise L. Hay y resulta que la sangre es la forma en que la dicha se manifiesta a través de nuestro cuerpo y, que cuando uno tiene presión alta, es una forma en la que el cuerpo nos dice que estamos reteniendo algo del pasado. Uff. Me hizo muchísimo sentido porque durante toda mi vida he trabajado con el no exigirme de más, con el permitirme equivocarme y ser imperfecta, sabiendo que, a pesar de que cometo errores, soy alguien valioso y amable.
Sigo aprendiendo. Y sigo dispuesta a perdonármelo.
Así que incluso después del parto, el proceso me sigue enseñando de mí de mis atorones. Me está mostrando lo que hay que sanar y las oportunidades que tengo para crecer. Sigo rindiéndome. Sigo pidiéndole ayuda a mi Divinidad. Sé que poco a poco perdonaré todo este proceso y que podré verlo como la gran bendición que fue que las cosas se dieran como se dieron. En este momento, tengo una nueva oportunidad para dejar de juzgarme. Todavía puedo elegir el progreso ante la perfección. Todavía tengo mucho campo para crecer.
Bendito sea.
No se dieron las cosas como yo quería, sin embargo esta es la historia de bebé, OMar y yo y es perfecta tal y como es. La acepto con los brazos abiertos y la honro y bendigo. Es sagrada, porque es nuestra.
Mi proceso de sanación camina bien. Estoy mantralizando, haciendo listas de gratitud y afirmando todos los días. Hemos comenzado entre bebé, OMar y yo, un vínculo hermosísimo de apego entre nosotros. Nuestro proceso de lactancia ha sido maravilloso y, a pesar de que sí duele un poco al principio -¿o un montón?-; hemos podido alimentarlo exclusivamente con leche materna y con todo nuestro amor y apego hacia bebé.
Nunca en mi vida he sentido tanta gratitud y amor; ni tantas ganas de estar viva. Mi motivación para seguir creciendo se ha elevado y mis prioridades en la vida se han enriquecido a través de bebé y mi proceso al aprender a ser mamá.
Hoy me despido de la búsqueda de la perfección. Sé que sigue siendo un talón de Aquiles para mí y seguiré observando con mucha atención a mi querido ego para que no me vuelva a hacer creer que porque tengo una práctica espiritual constante y contundente no tengo derecho a vivir los procesos en imperfección, tal cual se van dando en el día a día.
Ofrezco todo este proceso a la Madre Divina y sigo en total admiración y sobrecogimiento de lo que puede hacer el cuerpo humano y lo milagrosa que es la vida. Soy gratitud. Vibró en completa rendición y humildad.
Hecho está. Hecho está. Hecho está.










Andrea, gracias por compartir todo tu proceso de parto. “Bienvenida este maravilloso mundo a Bebe”. Qué se prepare desde ya a seguirles sus pasos, contará con muchas herramienta en el transitar de la vida que no tienen muchos.
Me encanto que compartieras, gracias.
Creo que esto aplicaria para todo tipo de cirugías,todos tenemos un plan perfecto y tenemos queconfiar en nuestros angelitos terrenales (los medic@s).
Disfruta mucho a tu familia.
Besos y abrazos.:)
Que maravilloso es ser mamá me imagino como estas apegada a tu bebe, es una experiencia super fantástica, espero que disfrutes a tu bebe en todas sus etapas de crecimiento y con ese amor que tienes dentro para amarlo todos los días del mundo,eres una persona bendecida porque ser mamá en la bendición más grande que tenemos, gracias a dios todo salio bien, bendiciones para los tres
Muchas felicidades Andrea y para tu marido por este nuevo gran amor!!
Felicitaciones preciosa!!! Mr emocione muchísimo al leerte. Cuando este embarazada seguro te pido consejos. Yo me había dado cuenta que estabas algo fuera de linea…y dije..debe estar enamorada jajaj. Pero claro había un motivo mas maravilloso. Mil bendiciones a los 3. Me encanto la oración a Ganesha antes de la cirugía…y si..hay cosas que van mas allá de nuestra voluntad. Estoy segura que algún momento de la vida vas a entender porque fue lo mejor de esa manera…
Te extiendo un abrazo fraterno, todo mi cariño y gratitud x haberme ayudado en su momento y que esta nueva etapa de la vida sea llena de bendiciones…. Besos
Muchas felicidades! Les envío bendiciones a los tres. 💫 Gracias, tu relato nos recuerda que siempre hay cosas que aprender, sanar y soltar.
Gracias por compartir una hermosa experiencia, que seamos partícipes en algo tan personal eso habla de tu amor por el prójimo, por reconocer que los planes en un segundo pueden cambiar, que nada está escrito y que todo tiene una razón de ser. Bienvenido a ese pequeñito 😍 y que Dios los siga guiando querida Andy, muchísimas felicidades para ti y Omar. Bendiciones
Namaste Andreita, todo es perfecto, así tenía que ser, aún en estos momentos esa personita ya te está dando aprendizajes y a confiar. Qué gusto y que bendición que todo salió perfecto. Bendiciones
Que gran bendición y experiencia de vida empezó con el nacimiento de tu bebé, eso es parte de la maternidad, prepararte para dar lo mejor no asegura que todoooo va a salir como lo planeamos. Pero sin duda es la experiencia de amor más increíble que podamos experimentar al estar encarnados, por lo menos para la gran mayoría de seres Sintientes. Me emociona saber todo lo que viene para ustedes en compañía de ese angelito terrenal. Mil y mil felicitaciones Namaste
Hermoso Andrea. Gracias por compartir tu maravillosa experiencia. Nos ayuda mucho. Bendiciones y cariños para ti y tu familia, en especial tu hermoso bebé. Abrazos de mucho amor. Comparto tu dicha!♡♡♡